El Delicado Arte de confiar en los demás

Hoy queremos animaros a reflexionar sobre el modo en el que las personas afrontamos situaciones personales negativas, sobre todo en lo referido a compartir nuestras vivencias y sentimientos con las personas que nos rodean.

Decir que apoyarnos en personas de nuestra confianza, para compartir nuestro paso por una situación difícil tiene efectos positivos es decir algo casi obvio. Ya por los años 80, James W. Pennebaker describía los beneficios de confiar nuestros sentimientos a otros en su libro “el arte de confiar en los demás”. Sus investigaciones ilustraban como la respuesta fisiológica de las personas evidenciaba los beneficios de compartir experiencias y sentimientos.

De forma posterior, los autores más significativos del paradigma de inteligencia emocional como Goleman recogen estas premisas, encuadrando la expresión de las emociones propias como una de las habilidades de las personas “emocionalmente inteligentes”.

Comunicar nuestros estados emocionales es positivo y saludable, hasta aquí todo perfecto. Ahora bien, en ocasiones, cuando pasamos por un acontecimiento vital estresante de índole negativa tendemos a dedicar una parte considerable de nuestras conversaciones a hablar de lo que nos ocurre, sintiéndonos reconfortados por ello en muchas ocasiones. En consulta, muchas personas nos relatan cómo esta estrategia les ha sido útil para enfrentar situaciones vitales en las fases iniciales.

La reflexión que os planteamos hoy quiere ir más allá. ¿Qué puede ocurrir si mantenemos esta estrategia como principal con el trascurso del tiempo? ¿Qué puede ocurrir si no seleccionamos las personas a las que les confiamos lo que nos ocurre?; dicho de otro modo, ¿Hablar mucho de lo que me ocurre y con muchas personas siempre será beneficioso?. Según nuestro criterio, la respuesta es…depende.

Las personas tendemos a construir nuestro mapa mental de nosotros/as mismos/as y lo que nos ocurre basándonos en las experiencias que vivimos día a día. En ese ejercicio, las experiencias sociales cobran un papel fundamental. Por desgracia para las personas, el afecto y las habilidades para escuchar no siempre van unidos. No todas las personas saben cómo actuar cuando alguien le confiesa que está pasando por un “mal momento”. Tras la calma y el confort que sentimos cuando estamos hablando de nuestras sombras, podemos recibir de otras personas mensajes y expresiones que pueden no suponer una ayuda. Pongamos algunos ejemplos:

–          “¿Ves?, te lo dije, te iba a hacer sufrir”

–          “pobre……tienes que estar pasándolo tan mal”

–          “con lo que te ocurre…..no sé cómo eres capaz de venir a trabajar”

–          “desengáñate……para superar lo que te ocurre vas a necesitar mucho tiempo”

–          “eres tan buena persona que abusan de ti”

–          “hazme caso, ¡que yo ya he pasado por eso!….lo que tienes que hacer es…”

Si además lo que nos ocurre tiene elementos dramáticos, probablemente la intensidad de este tipo de mensajes sea mucho mayor. Aisladamente este tipo de afirmaciones pueden pasar desapercibidas por nuestra parte; si son frecuentes acaban formando parte de nuestra “explicación de nuestra realidad”, y pueden condicionarnos en gran medida. Veamos esta última idea con un ejemplo:

Tras una ruptura amorosa, es muy fácil que las personas intenten reconfortándonos indicándonos que es normal que nos sintamos tristes, llegando hacer un pronóstico del tiempo que vamos a necesitar para superarlo. Si damos crédito a este tipo de afirmaciones, y las tomamos como válidas, esta forma de interpretar la situación puede no propiciar que hagamos cosas para sentirnos mejor…”como lo mío tarda en superarse”.

 

Por todo ello, desde Creando Cambios animamos a buscar el apoyo social en nuestro entorno ante determinados acontecimientos vitales, pero intentando que esto suponga una ayuda para avanzar, y no un lastre. Nuestra clientela nos comenta que les resultan de especial utilidad algunas de las siguientes estrategias:

–          Seleccionar la persona en la que apoyarse, intentando elegir aquellas con más “capacidad para escuchar”. No hacer excesivas preguntas ni caer en el consejo rápido suelen ser comportamiento que facilitan que nos sintamos escuchados.

 

–          Propiciar una situación adecuada para compartir lo que nos ocurre. Expresar claramente que necesitamos contar lo que nos ocurre facilita que nuestro/a interlocutor/a pueda poner los medios para atendernos adecuadamente.

 

–          Intentar que compartir lo que nos ocurre nos dé la posibilidad de ver lo que nos ocurre desde otra perspectiva. Cambiar el enfoque puede ayudarnos a establecer prioridades y a identificar cauces de acción.

 

¿Qué os resulta útil a vosotros/as, lectores/as? ¿Os animáis a compartirlo?

 

Crea tu cambio.

 

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